El tiempo se paró en aquel banco
El Relojero perdió su taller, su casa y su rutina
Cómo se sostiene la identidad cuando desaparece todo lo que la ordenaba.
Arreglaba el tiempo de los demás y el mío se me detuvo.
Durante treinta años, el Relojero arregló el tiempo de los demás en un pequeño taller. Una mala racha lo dejó sin negocio, sin casa y sin la rutina que ordenaba sus días.
Sentado en un banco, descubrió que la identidad pesa más de lo que parece. Reconstruirla, dice, es como reparar un mecanismo antiguo: con paciencia y con buena luz.