La casa vacía

Rosa aprende a habitar el silencio tras el duelo

Rosa 08/02/2026 4 min de lectura

La casa vacía

La soledad de quien sobrevive a casi todos sus afectos.

Pongo dos tazas por costumbre. Luego recuerdo y guardo una.

Rosa enviudó hace una década y desde entonces aprende a habitar el silencio de una casa demasiado grande. La soledad, dice, no avisa: se instala despacio.

Conserva pequeños rituales que la sostienen. Reconoce que a veces pone dos tazas por costumbre y que, al recordar, guarda una con una sonrisa triste.

La cocina de Rosa, dos tazas.
La cocina de Rosa, dos tazas. — Foto: Archivo Hablando con lobos